
Reía. Se frotaba.Sensual. Divertida. Increíble. Él intentaba levantar su vestidito azul de tul. Era su fantasía sexual, sólo quedaba dominarla.
De camino a su casa, la agarró e intentó poseerla tantas veces, como tantas veces se libró ella. Perenne, se le antojaba difícil, tanto como gustosa.
Llegaron a un callejón oscuro, él enarcó una ceja, pero cuando Ella abrió la puerta de aquel bajo fue entrar al paraíso.
-¿Vives aquí?
No le había hablado, quizá fuera muda, mucho más excitante. Aquel lugar era un pequeño estudio, lleno de cuadros, bocetos a carboncillos y algunos vestidos posados en maniquís humanizados. El suelo de madera tenía algunas alfombras. En el centro una plataforma coronada por una cama enorme.
-No me has dicho aun cómo te llamas.- Necesitaba verificar aquella fantasía con aquella muchacha vestida de Alicia en el país de las maravillas.- ¿No me vas a contestar?- Prosiguió- Eres una chica mala, ¿verdad, Alice?
Ella sonrió, encantada ante el hecho de ser presa. Él la agarró con fuerza, y la mordió en el cuello. Dolor. Ira. Rabia. No musitó. Ni le miró a los ojos, cuando la zarandeó.
-Demasiado dura, habrá que suavizarte.- Ella entreabrió los labios y él puso su índice- Y sin quejas,
Ovejita.Tras unos caprichos inconcluyentes, le pidió un masaje turco, donde ella se explayó con un aceite de un aroma extraño que exparció calzando guantes. Al terminar, él se levantó, y la sobó. Su trato iba a peor, mientras que sus caricias pasaron a ser casi golpes. La pegó contra él, su aliento destilaba odio.
-Desde hoy vas a ser mía. Te has equivocado de príncipe azul, y has topado con tu pesadilla.- Él comenzó a reír divertido, Ella asintió.- ¿Me estás vacilando?
Tras un golpe seco en el cuello con el canto de la mano, la pequeña señorita asintió.
-Desde el primer momento, bienvenido a la última hora de tu vida.-Tras encadenarle a una silla y amordazarle, le dio una bofetada. Otra más. Harta, le dio una patada en el pecho.
-Joder, vamos ya, abre los ojitos,
Principito.- Le cogió del mentón y clavó sus uñas en sus mejillas. Él abrió los ojos, y ella carraspeó.- Sí, bien, soy Alice, Li, para los colegas, lástima que no hayamos intimado, ¿Lo de amo te excita? A mí me ha parecido una actuación pésima.- Él se zarandeó, intentando liberarse. Ella le dio una bofetada.
-Nos vamos a llevar bien,
hasta que la muerte nos separe.
Sonó el teléfono. Li sonrió. Lo cogió.
-Ey, ¿Qué pasa?- La voz hablaba entre risas- No, no me queda mucho del trabajo.- La voz pareció ofuscarse ante la idea de tener que esperar- En serio, no tardo nada, esperadme en el siguiente local.- La voz pareció volver a excitarse. Li se echó a reír.- Venga va, hasta ahora.
Alice volvió a ponerse los guantes de látex con los que le había dado el masaje.
-Bueno, pues ha llegado el hasta que la muerte nos separe. Rápido, ¿eh? Seguro que igual que tú en la cama. No sé si tendrás noción de lo que llevas por el cuerpo. Cloruro de hidrogeno, capricho de un vampiro. Uhm, tienes cara de ser de letras. Pues bien, bueno, en cuanto te eche agüita, vas a tener ácido clorhídrico, y por si quedaba alguna duda, eso significa mucha pupita.
Él comenzó a zarandearse con más fuerza, sus gritos, y el sudor fruto de la histeria que había ocupado su cuerpo habían minimizado sus pupilas.
Alice se dio la vuelta. Desapareció unos minutos. Él intentaba liberarse inútilmente de las cadenas. Al volver a verla, maldijo el segundo en el que se había encandilado de aquellos ojos marrones.
Alice se acercó corriendo e hizo un ademán de derramar el agua sobre él. Se echó a reír.
-Qué no, ¡que es broma! Era para que aprendieras a entender a las mujeres.- Li vertió completamente el cubo de agua, la corrosión hizo el resto.-
Ups, quizá sí estuviera hablando en serio.
Canción del móvil: Crazy Bitch [Buckcherry] http://www.youtube.com/watch?v=BtXHBAnqZCk
Felicidades Thanita.